domingo, enero 01, 2006

Un aspecto poco estudiado en el debate sobre los libros escolares: el negocio de los libros de texto.

La evolución histórica de la producción de libros escolares no puede comprenderse sin abordar su dimensión mercantil y comercial. Sin embargo posiblemente sea uno de los temas menos estudiados en la literatura científica especializada.
A nadie se le escapa que siempre han existido fuertes intereses económicos relacionados con la edición y distribución de obras escolares. Para profundizar en este tema es preciso una aproximación a la evolución del mercado editorial en los distintos países y a la función que específicamente ha jugado en ella la publicación de libros de texto y a su relación con otras dimensiones de las publicaciones escolares. En general ha existido una estrecha relación entre la creación de empresas editoriales y el mundo de la enseñanza a causa de que el libro escolar era uno de los productos más rentables para las editoriales. La concesión de privilegios en la publicación de obras didácticas ya fue un instrumento utilizado por el poder en el Antiguo Régimen para favorecer a determinadas instituciones. En España durante el siglo XVIII la publicación de obras escolares estaba sujeta aun a privilegios concedidos a favor de determinados impresores, autores o instituciones. Por ejemplo, la Catedral de Valladolid gozaba del privilegio concedido en 1594 para la publicación en exclusiva de cartillas de lectura en el territorio de Castilla. En Aragón, por concesión real de 1755, los libros de texto podían ser editados y comercializados exclusivamente por el Hospital General de Nuestra Señora de Gracia. En Cataluña era la Universidad de Cervera, potenciada por la monarquía borbónica, la que desde 1718 tenía el privilegio en exclusiva de la publicación de obras de enseñanza. Con la difusión de la escolarizació, durante el siglo XIX, la producción de obras escolares estuvo casi monopolizada por los propios docentes hasta bien entrado el siglo XX. Al ser también, en la mayoría de los casos, los mismos docentes, los autores de los libros escolares y los que podían recomendarlos o imponerlos y venderlos directamente a sus alumnos, nos encontramos con que los miembros de este colectivo están en condiciones inmejorables para implicarse en un negocio que progresivamente se estaba convirtiendo en muy rentable.
Diversos procesos como el necesario abaratamiento de costes de producción, la mejora en las técnicas de impresión que obligaban a mayores inversiones, los nuevos procedimientos de propaganda y distribución o ventajas de tipo político o administrativo, permitieron a las empresas editoriales el progresivo control del mercado de los libros escolares. Pero la importancia económica que tenían los libros de texto y el control que sobre su producción tenían los docentes se deja sentir en el origen de algunas editoriales españolas creadas por docentes. Es el caso de Casa Hernando de Madrid fundada por el maestro Victoriano Hernando y Palacios que fue estudiado por Jean-François Botrel.
Con rasgos biográficos comunes con Victoriano Hernando, también Esteban Paluzíe y Cantalozzella, partiendo de una pequeña imprenta, puso las bases de lo que en dos generaciones sería una importante empresa en el campo del libro escolar. A lo largo del primer tercio del siglo XX se va produciendo la consolidación del mercado empresarial del libro. Desde finales del siglo anterior aparecieron en España nuevas editoriales que, aunque en algunos casos tienen sus orígenes en la producción de algún docente, aplican ya técnicas comerciales muy desarrolladas. En 1876 se instalaba en Madrid Saturnino Calleja quien se convertirá en una de las grandes empresas de la producción de obras escolares. En junio de 1904 se creó la sociedad Dalmau Carles y Cía. dedicada a la edición y al negocio de la librería. Su creador era el maestro catalán Josep Dalmau Carles quien, desde finales del siglo XIX, venía escribiendo y publicando obras escolares para la enseñanza elemental. En las primeras décadas del siglo XX la editorial Dalmau Carles vende libros en la mayoría de países de América del Sur como: Cuba, Costa Rica, Mexico, Uruguay, Venezuela, Colombia, etc. Con la vista puesta en el mercado americano, en 1927, Dalmau Carles publicó en 1827 la obra de Eugenio Garcia Barbarín Geografía e Historia de America. Aunque siguen existiendo algunas pequeñas empresas familiares que publican obras escolares, como la casa Santarén de Valladolid, o que algunos docentes crean nuevas editoriales para publicar exclusivamente sus obras como es el caso en Mallorca de Miquel Porcel i Riera - también muy interesado por el mercado americano- se produce, durante el primer tercio del siglo XX en España, un importante proceso de concentración en el campo de la publicación de obras escolares y una fuerte disminución de la producción de las pequeñas empresas editoriales y de las iniciativas particulares de los maestros.
Evidentemente los ingresos obtenidos por publicación de obras escolares o las comisiones cobradas por recomendar un determinado libro, sirvieron para completar en muchos casos los reducidos sueldos que cobraban los profesionales de la enseñanza y favorecieron el prestigio y la proyección cultural y social de este colectivo. Al mismo tiempo, los editores apoyaron la aparición de revistas profesionales que contribuyeron a consolidar los colectivos docentes al mismo tiempo que hacían propaganda de sus libros.
El estudio de la dimensión económica de los libros escolares, un tema aún hoy en día muy presente y que se traduce en el debate sobre la gratuidad de los libros escolares en la enseñanza obligatoria, nos puede olvidarse en el análisis global del papel histórico y educativo de los libros escolares. Sería muy interesante un estudio comparado de esta dimensión económica de los libros escolares y de sus consecuencias educativas entre distintos países.

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