miércoles, agosto 30, 2006

Recuerdos de la lectura escolar del Quijote [II]

Ilustración de Gustavo Doré en la edición escolar de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Zaragoza, Luis Vives, varias ediciones desde 1932.

EL TRILLO Y EL CEDAZO

No me acuerdo muy bien de por qué fue: quizás la palabra salió en alguna lectura de clase, o la mencionó el profesor; pero el caso es que aquel día, durante el recreo en el instituto –recuerdo en qué clase estábamos y, por ese detalle, deduzco que debíamos de tener catorce años-, mi grupo de amigas y yo hablamos de qué era un cedazo.

Yo lo describí con precisión: una cosa (seguro que no usé la palabra recipiente) con un aro de madera y una rejilla, que servía para echar allí el trigo y, moviéndolo, separar el grano de la cáscara. La definición tenía mérito, porque yo era una niña completamente urbana, nacida y criada en un barrio castizo del centro de Madrid, hija de padres también ciudadanos; la única abuela que conocí vivía en una ciudad del sur. Así que yo no había estado nunca en un pueblo ni había visto jamás hacer las labores tradicionales del campo, que solo conocí muchos años después, cuando sobrevivían apenas en algunas de las zonas rurales más deprimidas de la Península Ibérica: las mismas zonas en que mis colegas interesados por la cultura oral y yo íbamos a recoger versiones de romances [...].

Inmediatamente intervino otra niña con directos conocimientos campesinos. Su familia, como la de casi todas mis compañeras, tenía cercanos orígenes rurales, eran gentes como quien dice recién emigradas a la gran ciudad que entonces se estaba formando, y ella pasaba muchos veranos en el pueblo de sus padres. De ninguna manera: el cedazo –ella lo había visto muchas veces- era una tabla de madera, con muchas rajitas en las que se metían piedras picudas. El cedazo se usaba en la era, para separar el grano de la paja: se subía uno encima y desde allí guiaba a una mula, que tiraba del artilugio.

Tuve que reconocer su mayor experiencia en asuntos del campo, pero no me quedé muy convencida; yo estaba segura de que el cedazo era lo que yo había descrito, no lo que decía mi compañera.

Al día siguiente, la niña reconoció, avergonzada, que se había equivocado: se lo había contado a su padre y él la había sacado del error. El objeto que ella había descrito con tanto detalle se llamaba trillo [...].

[...] aquella conversación de patio de colegio fue para mí un triunfo de la literatura sobre la vida y la experiencia: guiándose por su experiencia, mi compañera se había equivocado, había confundido dos objetos muy diferentes, que se usaban para cosas distintas. Pero yo, niña de ciudad, había acertado gracias a una información diríamos que libresca: sabía lo que era un cedazo, aquel objeto que no había visto nunca en la realidad, gracias a los grabados de Gustavo Doré que ilustraban la edición infantil del Quijote que años antes me habían hecho leer en el colegio y, sobre todo, gracias a la figura de Dulcinea representada como campesina, que formaba grupo escultórico con don Quijote, Sancho y la misma Dulcinea idealizada como dama en el monumento a Cervantes de la Plaza de España de Madrid; aquella plaza a la que mi madre me había llevado a jugar tantas veces, de pequeña, y donde me había explicado con detalle las imágenes del monumento: los relieves con escenas de La gitanilla o del Licenciado Vidriera; los indios, chinos y negros que sostenían una bola del mundo y simbolizaban la difusión mundial de la obra cervantina; el retrato de Cervantes con su gorguera almidonada, y, por supuesto, las dos Dulcineas, la real y la imaginada. La dama idealizada sacaba unas joyas de un cofrecito; la campesina real, oronda y con falda arremangada, llevaba un objeto que no se usaba en Madrid. “Es un cedazo”, debió de decirme alguna vez mi madre, siendo yo muy chica. Y yo guardé aquella palabra para usarla cuando la necesitase.

Paloma DÍAZ-MAS, Como un libro cerrado, Barcelona, Ed. Anagrama, 2005, pp. 129-131.

Sobre las ediciones escolares del Quijote en España, ver http://www.uned.es/manesvirtual/ExpoTema/MontajeQuijote/quijotes01.html

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