lunes, octubre 17, 2005

Bibliotecas en Bogotá

Los libros transforman Bogotá
El fomento de la lectura ayuda a mejorar la calidad de vida en la capital colombiana
PILAR LOZANO - Bogotá
EL PAÍS - Internacional - 14-10-2005

Emilse, una mujer de 50 años, jamás había leído un libro. El año pasado en una parada del Transmilenio -autobús articulado del nuevo sistema de transporte- le ofrecieron en préstamo, los cuentos de animales de Rudyard Kipling. Por curiosidad lo tomó y empezó a ojearlo; la primera historia la atrapó. Desde entonces Emilse -trabaja por las noches atendiendo a una anciana- ha leído 10 libros. "Leer hace el viaje más corto y eso me motiva; antes nunca me dieron ganas de hacerlo", confiesa.
Libro al viento, nombre de este novedoso programa del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá (IDCT), fue una de las razones que llevaron a la Unesco a declarar a esta ciudad, de más de siete millones de habitantes, capital mundial del libro 2007.
La promoción de la lectura, un proyecto de ciudad que involucra a sectores públicos y privados y la insistencia del alcalde Luis Eduardo Garzón en la idea de la lectura como herramienta para acceder al conocimiento, le dieron a Bogotá los puntos necesarios para imponerse sobre seis ciudades más que se postularon, entre ellas Amsterdan y Coimbra.
Libro al viento es una campaña masiva de circulación de libros. Empezó a comienzos de 2004. Al mes se publica una obra de literatura clásica, en formato de bolsillo de autores como García Márquez, Cortázar, Chéjov, Miguel Hernández. Los 64.000 ejemplares de cada título van a las estaciones de Transmilenio, a colegios públicos y se destinan a actividades como lectura en voz alta en 37 Paraderos Paralibros Paraparques (PPP) que hay por toda la ciudad, una de las más extensas de América Latina.
También van a los 6.000 afiliados a los Clubes de Lectura. Mauricio López es uno de ellos. Todos los viernes espera, en una cárcel de la ciudad, la llegada del club como quien espera "un nuevo capítulo de una telenovela". "Eso cambió el panorama de mucha gente interna", asegura.
En 2003 cuando Susan Sontag visitó Bogotá, en un libro suyo, América, que regaló a la Biblioteca Virgilio Barco, escribió: "A la mejor red de bibliotecas del mundo". La red la forman 3 bibliotecas mayores -El Tunal, el Tintal y la Virgilio Barco-, seis locales y 10 de barrio.
Las bibliotecas mayores son monumentales; verdaderas esculturas de cemento y ladrillo en medio de la ciudad. Fueron diseñadas por reconocidos arquitectos del país. Dos de ellas están en los sectores más deprimidos de esta capital. "Las bibliotecas se concibieron como centros de desarrollo social y eso ya se logró", dice Pilar Bermúdez, directora de la Biblioteca Virgilio Barco. La propuesta cultural -conciertos, cine, conferencias, teatro, danza- que se ofrece es gratuita y de alta calidad. Al día ingresan a esta biblioteca un promedio de 4.000 personas. En la Biblioteca del Tunal -puerta de entrada a uno de los sectores más pobres, ciudad Bolívar-, los fines de semana y en vacaciones se ven aglomeraciones como las que se dan en un centro comercial.
Las tres se inauguraron en 2001 y forman parte de la renovación urbana que ha transformado Bogotá en los últimos años. Bogotá es hoy una ciudad de andenes amplios, de alamedas y ciclo-rutas, de espacios más abiertos que, despejaron la vista a los cerros tutelares,Monserrate y Guadalupe.
Pilar Bermúdez cree que todo el esfuerzo que está haciendo la ciudad ha calado; cree que las estadísticas deben estar cambiando -2,4 libros leídos por persona al año- y cree que la literatura está empezando a ser parte de la vida de la gente.
Ana Roda, gerente de literatura del IDCT, espera que el año 2007 coloque el libro y la lectura en el centro del debate público, que la ciudad encuentre nuevos espacios de lectura, que conozca más a sus escritores y que promueva la democratización del libro. Bogotá ha sido desde siempre una ciudad excluyente y clasista. Los libros y las bibliotecas eran, hasta hace poco, privilegio de las élites.

Lecturas Clandestinas

Clandestinos JUAN JOSÉ MILLÁS
EL PAÍS - Última - 14-10-2005

Un amigo íntimo me pidió que acudiera el sábado por la noche a su casa para mostrarme algo. Al llegar, abrió la puerta con aire de misterio y me hizo pasar sigilosamente a su cuarto de trabajo. Mientras yo curioseaba entre sus libros, él iba de acá para allá, ofreciéndome té, café, whisky, como si le diera miedo entrar en materia. Tras dejar transcurrir un tiempo prudencial, le pregunté si tenía algún problema. Respondió que no estaba seguro y a continuación, colocando el dedo índice sobre los labios, me arrastró al pasillo, desde donde nos dirigimos con movimientos furtivos al salón, cuya puerta estaba entreabierta. Al asomarme, vi a su hijo, de 18 años, instalado en el sofá, leyendo tranquilamente Madame Bovary.

De vuelta a su estudio, me miró con expresión interrogativa. "¿No te parece alarmante?", preguntó. "¿Preferirías que leyera Ana Karenina?", pregunté a mi vez. "Por Dios", gritó, "es sábado por la noche y tiene 18 años; debería estar tomando cervezas con los amigos". No le dije nada, pero lo cierto es que la imagen del joven, devorando aquella obra clásica, me había perturbado. Quizá no fuera un psicópata, pero tampoco se podía negar que le ocurría algo. Se empieza con rarezas de este tipo, que al principio hacen gracia, y se acaba leyendo a Samuel Beckett. "La lectura es buena", le tranquilicé, "en eso está de acuerdo hasta el Ministerio de Cultura". "La lectura", respondió mi amigo, "es buena cuando tus amigos leen, como pasaba en nuestra época. Ahora es un síntoma jodido. Si al menos le diera por El Código Da Vinci, que no hace daño a nadie...".

Me pidió que hablara con su hijo. "Después de todo", añadió, "lo conoces desde que era un niño y te escuchará mejor que a mí". A los pocos días, me hice el encontradizo con el chaval y entramos en un bar. Hablamos de literatura y me pidió algún consejo para abordar la lectura de los clásicos latinos, que se le resistían. Le recomendé una edición bilingüe de la Eneida y me ofrecí para que la comentáramos juntos. Pagó él y, al despedirnos, me guiñó un ojo, diciéndome: "De todo esto, ni una palabra a mi padre, que está muy preocupado conmigo". Así que llevamos dos semanas leyendo clandestinamente a Virgilio. ¿Adónde vamos a llegar?

domingo, octubre 16, 2005

Bibliografías sobre manuales escolares







Para consultar amplias bibliografías acerca de manuales escolares de España, Argentina, Colombia, Brasil, Venezuela visítese el sitio de la Universidad Nacional de Educación a Distancia donde se aloja el portal del Centro de Investigación Manes (manuales escolares):

http://www.uned.es/manesvirtual/ProyectoManes/Bibliografia.htm



Museos escolares 1

O Museo Pedagóxico de Galicia (MUPEGA) é un centro específico da Consellería de Educación e Ordenación Universitaria, destinado a recuperar, salvagardar, estudar, mostrar e difundir todas aquelas expresións educativas que poñan de manifesto a variedade e riqueza do patrimonio pedagóxico de Galicia, posibilitando así a súa catalogación, sistematización e custodia. Deste xeito, asegurarase a súa permanencia no tempo, fomentarase a súa indagación científica e propiciarase a súa transmisión como legado vivo e en emerxencia continua ó acervo cultural de Galicia.

Visitar:

http://www.edu.xunta.es/mupega

sábado, octubre 15, 2005

Leer y escribir, ella dice

La aparición de Pasado y presente de los verbos leer y escribir de Emilia Ferreiro en la colección Popular del Fondo de Cultura Económica plantea, como todos los volúmenes de la serie dirigida por Enrique Tandeter, los desafíos políticos más importantes de la actualidad.

Por Daniel Link

Hay muchas cosas para celebrar en la aparición de un nuevo librito de la colección Popular del Fondo de Cultura Económica, cuya serie “Breves” está a cargo de Enrique Tandeter. En principio la continuidad de una de las mejores colecciones (de paso, con uno de los nombres más bellos) dedicadas al pensamiento contemporáneo, que alcanza con su última entrega, Pasado y presente de los verbos leer y escribir, el número 590.
A la vez que presenta las principales líneas del debate intelectual contemporáneo –Marginalidad y exclusión social de José Nun, Siete ensayos sobre Walter Benjamin de Beatriz Sarlo o Pan y afecto. La transformación de la familia de Elizabeth Jelín, para mencionar sólo a los autores argentinos, son algunos de sus últimos títulos–, la Colección Popular lo hace brevemente y en palabras que cualquier lector no especializado puede comprender. Y “líneas de debate intelectual” quiere decir, en este caso, sobre todo el modo en que el saber teórico se piensa a sí mismo como intervención política. Porque más allá del rigor y la actualidad “académica” de los libritos de esta colección, lo que de ellos se recibe con mayor felicidad es el modo en que interpelan al presente, como conjunto de preocupaciones políticas.

Tal el caso Pasado y presente de los verbos leer y escribir de Emilia Ferreiro, reconocidísima investigadora en pedagogía de la lectoescritura, que ha reunido en este volumen tres intervenciones sobre los procesos de adquisición del lenguaje escrito bien alejadas de la ñoñería escolar y de la aridez metodológica que suele ser el fardo de los “especialistas” en esta área –de capital importancia respecto de la definición de nuestro horizonte político y cultural. Ferreiro (especialista argentina que reside en México) ha desarrollado una sofisticada teoría de los procesos de adquisición de la lengua escrita que reposa en dos convicciones sencillas de entender: que los procesos de alfabetización (en contextos escolares o fuera de ellos) implican mucho más que la adquisición de una mera técnica de transcripción y que los sujetos de esos procesos (se trate de chicos o de adultos no alfabetizados) poseen un pensamiento sobre la escritura que pedagogos y políticos del área no pueden ignorar.
Tantas son las virtudes que tiene el libro de Emilia Ferreiro que conviene comenzar por sus pocos defectos: la “Introducción” (bastante insustancial) y el mismo ordenamiento de los tres artículos, que no sólo invierte la cronología según la cual fueron escritos sino el grado de “especificidad” que cada uno plantea. El libro hubiera perdido en progresión dramática (“Diversidad y proceso de alfabetización: de la celebración a la toma de conciencia” es sin duda la más patética de estas contribuciones, en el sentido de que allí se lee el pathos de la escritura y de las políticas con ella asociada con mayor fuerza que en los otros dos artículos), pero hubiera ganado en eficacia argumentativa, sobre todo en lo que se refiere a las opciones políticas que fundamentan las hipótesis teóricas y metodológicas de la autora. Afortunadamente, con sólo sugerir la lectura invertida del libro (empezando con el tercer artículo y terminando con la “Introducción”) ambos defectos desaparecen como por arte de magia y lo que queda ante el lector es la maravilla de un pensamiento bello, clara e intensamente presentado y muy coherente en el modo en que articula preocupaciones metodológicas, posiciones teóricas y opciones políticas.
Se trata, naturalmente, de ampliar al máximo el campo de eficacia de los sistemas escolares respecto de la adquisición de la escritura (para lo cual la autora hace un uso ejemplar de la historia de la escritura). Pero, también, en un universo cultural que naufraga en las aguas heladas del cálculo egoísta, de devolver al sistema escolar los contenidos políticamente progresistas que hoy sólo él puede sostener. “No intento hacer el típico discurso antimedia para lamentar que la cantidad de horas que pasan los niños delante del televisor compite, en su ventaja, con la cantidad de horas que pasan delante de una maestra y un pizarrón. Por el contrario, creo que el modo de existencia de la TV en el mundo contemporáneo nos da una ocasión privilegiada para repensar la escuela y para descubrir otra misión: la de ayudar a todos los niños del planeta a comprender y a apreciar el valor de la diversidad”, declara la autora.

La conferencia “Pasado y futuro del verbo leer” fue pronunciada en el Congreso Interamericano de Editores (México, 1997) y “Leer y escribir en un mundo cambiante” ante el Congreso de la Unión Internacional de Editores organizado en Buenos Aires el año pasado. Es importante destacar que Ferreiro haya hablado ante los amos del libro, porque nadie tanto como los editores deberían ser conscientes de la importancia de la escuela (y, por lo tanto, de los procesos de transmisión de la escritura) respecto de la formación de un público lector: “Está claro –señala la investigadora– que estar ‘alfabetizado para seguir en el circuito escolar’ no garantiza el estar alfabetizado para la vida ciudadana” (p. 17).
Los editores que en estos días se reunirán en una nueva edición de la Feria del Libro de Buenos Aires podrían aprovechar la circunstancia, y las enseñanzas de Emilia Ferreiro, para decidir de qué lado quedará el libro (y la cultura con él asociada) en el complejo panorama que la investigadora presenta: ¿del lado de la escuela o del lado de la televisión? ¿Del lado de la vida ciudadana o del lado de las leyes de mercado? ¿Del lado de la “equivalencia en la diferencia” que constituye “el problema central de la educación del futuro inmediato” o del lado del “desprecio” hacia las diferencias culturales que implica la “idea supuestamente neutra llamada modernización y globalización?”.

jueves, octubre 13, 2005

¿Dónde leer libros?


3 de diciembre del 2003

  • Recogido hace unos días en Barcelona, aunque supongo que presente en todas partes de España, este cartel de una campaña inscrita en el Plan de Fomento de la Lectura (http://www.planlectura.es/). Su mensaje (traduzco): "Bibliotecas públicas. Tu punto de encuentro", y más abajo: "Ven a ver, escuchar, jugar, compartir, navegar, conocer... y siempre leer". Excelente.

El problema son las fotografías, que constituyen el mensaje dominante y más directo. Veamos su contenido: joven sonríe con los cascos puestos (seguro que ni aprende un idioma, ni escucha un audiolibro: debe de estar oyendo música), jovencitos escribiendo en una hilera de PCs, cuentacuentos en círculo de niños, señor madurito lee el periódico. ¿Y alguien leyendo un libro? De las cuatro actividades retratadas sólo una es lectura, y ésa de prensa. Insisto: ¿y la lectura de libros?

No creo ser sospechoso de odio a las bibliotecas, ni de repugnancia ante las nuevas tecnologías, ni de desprecio por la literatura infantil, de modo que lo que sigue debe ser entendido positivamente. Me parece muy bien que se fomenten los nuevos papeles de las bibliotecas públicas, pero, por favor, sin olvidar los tradicionales. Porque muchos bares tienen prensa, algunas escuelas y librerías actividades de cuentacuentos, y el país está lleno de cibercafés, y por últimonuestros bares y plazas son ya puntos de encuentro. Pero ¿dónde leer, libros? Sólo en las bibliotecas.

Y esto es lo que quería decir: que no vaya a ser que por remarcar lo nuevo y quién sabe si movedizo perdamos lo antiguo y esencial.

Tomado de la página personal de José Antonio Millán
http://jamillan.com/lbblog2.htm#biblio






lunes, octubre 10, 2005

Visión del indígena en los libros escolares


La Historia de Nosotros. Del privilegio de diseñar a los otros. Los conflictos interétnicos en los discursos escolares. Teresa Laura Artieda

Teresa Laura Artieda es Profesora Titular de Historia de la Educación Argentina en la Facultad de Humanidades de laUNNE. Resistencia, Chaco. República Argentina.

Su intervención en una de las sesiones públicas del Seminario de Barranquilla tuvo amplia repercusión entre los estudiantes presentes. En el material que tomamos del blog http://historiadnosotros.blogspot.com/ nos dice:

“Estudio las transformaciones de los discursos escolares sobre los indígenas en un período bastante amplio que abarca finales del siglo XIX a finales del siglo XX. La demanda que nos hicieron para este encuentro fue la de explicar cómo se trata el genocidio en los discursos escolares. Esta pregunta me convocó a introducir miradas que no estaban sistemáticamente incorporadas. Compartiré con ustedes algunas de esas miradas, y algunas evidencias. No pretendo alcanzar una respuesta completa, exhaustiva, y es mi intención además avanzar en otros asuntos que acerquen un panorama más amplio de la cuestión. Con discursos escolares aludimos especialmente a una de las formas posibles, la de los libros de lectura de la escuela primaria...”

Invitamos a leer el texto completo en el blog citado.

Rubén Cucuzza

Imágenes: niños pilagá

domingo, octubre 09, 2005

Google lanzó un buscador de weblogs

Google continúa ampliando su oferta de servicios. Esta vez, presentó un buscador exclusivo de weblogs o bitácoras personales que indexa a todos los blogs que publican sus contenidos por el sistema RSS, no sólo los pertenecientes a su herramienta Blogger.
El nuevo Google Blog Search , que se encuentra en fase beta, permite hallar tantos blogs enteros como "post" particulares y está preparado para buscar en publicaciones de varios idiomas: inglés, francés, portugués, español, italiano, chino, alemán y más.
La particularidad de esta herramienta es que sólo toma en cuenta las publicaciones que se realizaron desde junio de 2005 en adelante. Sin embargo, la compañía anunció que está trabajando para incluir las ediciones anteriores.
Según Technorati , el buscador e indexador de blogs más famoso de la Web , existen cerca de 17 millones de blogs activos activos y de actualización periódica.

sábado, octubre 08, 2005

Sugerencia de navegación 1

Basta de Carátulas es un blog grupal, en el que los autores se dedican a comentar las distintas portadas que tienen algunos libros. Pero éste no es el único blog que dedica un tiempo a las portadas de los libros, Patricia Storms tiene una sección llamada Cover me with Love donde nos muestra algunas de sus portadas favoritas mientras que en Book Covers from the NY Times Book Review podemos encontrar de vez en cuando alguna que valga la pena. Finalmente también podemos recurrir a Melissa Fischer y su sección Judging a Book by its cover en Bookslut .

El libro escolar como maestro



Por Umberto Eco

La idea gubernamental (...) de sustituir los libros de texto por material extraído de Internet, para aligerar las mochilas escolares y para bajar el costo, ha suscitado diversas reacciones. Los editores de textos educativos y los libreros consideran ese proyecto como una amenaza para una industria que da empleo a miles de personas.
Si bien me solidarizo con editores y libreros, se podría decir que por parecidas razones podrían haber protestado los fabricantes de carrozas y coches y los criadores de caballos ante la aparición del vapor o ( tal como (tal como lo hicieron) los tejedores ante la aparición de los telares mecánicos.
La segunda objeción es que esa iniciativa prevé que habrá una computadora para cada estudiante, pero es dudoso que el Estado pueda hacerse cargo de esa compra, e imponérsela a los padres implicaría para éstos un gasto mayor que el de los libros.
Por otra parte, si se comprara una computadora por cada clase, eso perjudicaría el aspecto de investigación personal, que constituiría el mayor atractivo de la propuesta... y lo mismo daría imprimir, en la imprenta estatal, miles de volantes y repartirlos cada mañana, como se hace con las hogazas en los comedores populares. Pero todavía se podría esperar que llegara el momento de la computadora para todos.
Pero el problema es otro. Es que Internet no está destinada a sustituir a los libros: es tan sólo un formidable complemento, un incentivo para leer más. El libro sigue siendo el instrumento principal de transmisión y disponibilidad del conocimiento y los textos escolares representan la primordial e insustituible oportunidad de educar a los niños en el empleo del libro.
Además, Internet proporciona un repertorio fantástico de información, pero no entrega ningún filtro para seleccionarla, mientras que la educación no consiste solamente en transmitir información sino en transmitir criterios de selección. Esa es la función del maestro, pero también la función de un texto escolar, que ofrece, precisamente, el ejemplo de una selección realizada entre el maremágnum de toda la información posible.
Y eso ocurre incluso con el texto peor hecho. Al profesor le corresponderá criticarlo por su parcialidad, pero siempre desde el punto de vista de otro criterio selectivo. Si los niños no aprenden eso, que la cultura no es acumulación, sino la capacidad de discriminar, no habrá educación, sino caos mental. Algunos estudiantes entrevistados han dicho: ¡Qué bueno, así podré imprimir únicamente la página que me sirve, sin tener que seguir buscando cosas que no tengo que estudiar!. Error.
Recuerdo que en un tercer año, a fines de la guerra, los profesores (los únicos de mi carrera cuyos nombres he olvidado) no me enseñaban gran cosa, pero, por despecho, yo hojeaba mi texto, una antología en la que por primera vez encontré la poesía de Ungaretti, de Quasimodo y de Montale. Fue una revelación y una conquista personal.
El libro de texto vale precisamente porque permite descubrir incluso aquello que el profesor se ha olvidado de enseñar, y que otro, en cambio, consideró fundamental.
Además, el libro de texto permanece como remanente y recordatorio de los años escolares transcurridos, en tanto que algunas hojas impresas para uso inmediato, que se caen constantemente al suelo y que suelen tirarse después de que se las ha subrayado (nos sucede a los estudiosos, así que podemos imaginarnos lo que les sucede a los escolares), no dejan ningún rastro en la memoria. Son, lisa y llanamente, una pérdida. Es cierto que los libros podrían ser menos pesados y costar menos si prescindieran de tantas ilustraciones en color. Bastaría que un libro de historia explicara quién fue Julio César y después resultaría sin duda apasionante, si se dispone de una computadora, buscar en Google Image y salir a la caza de imágenes de Julio César, de reconstrucciones de la Roma de la época, de diagramas que expliquen cómo estaba organizada una legión.
Digo esto parar no mencionar que si el libro indicara, además, algunos sitios de Internet útiles para profundizar el tema, el alumno tal vez se sentiría embarcado en una aventura personal... aunque el profesor debería ser capaz, después, de enseñarle a distinguir los sitios serios, los que valen la pena, de los sitios chapuceros y superficiales. Libro e Internet son, por cierto, una mejor dupla que libro y pistolas.
En fin, no sería bueno abolir los libros de texto. Internet podría, sin duda, sustituir a los diccionarios, que son los que más pesan en la mochila. Abonarse con un gasto módico a un diccionario de latín, de griego o de cualquier otra lengua, disponible en línea por medio de una contraseña, como ocurre con el e-mail, sería, ciertamente, un recurso muy útil y rápido.
Pero todo debería girar siempre en torno del libro. Es cierto que el presidente del Consejo ha dicho en una oportunidad que hace veinte años que no lee una novela, pero la escuela no debe enseñar a convertirse en presidente del Consejo. Al menos, no en un presidente como el actual.
© L¹Espresso y LA NACION http://www.lanacion.com.ar/04/07/23/do_620845.asp