martes, mayo 30, 2006

Blogs y fomento de la lectura


sábado, 27 de mayo de 2006
Hoy se han clausurado en Salamanca las XIV Jornadas de Bibliotecas Infantiles, Juveniles y Escolares, organizadas por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez (FGSR) y dedicadas al fomento de la lectura a través de las nuevas tecnologías.
El encuentro ha reunido a 115 bibliotecarios, educadores y gestores de entidades culturales para dar a conocer experiencias de investigación en nuevos modos de lectura y reflexionar sobre el papel de las nuevas tecnologías (blogs y webquests) en el fomento de la lectura.
Os resumimos las principales conclusiones tras tres jornadas de trabajo. Para los bibliotecarios y educadores asistentes a mi grupo de trabajo (Cómo fomentar la lectura y escritura a través de los blogs), estas nuevas herramientas:
• Fomentan el intercambio de opiniones entre alumnos y profesores• Son una innovadora herramienta educo-comunicativa que dinamiza el aula• Fomenta la comunicación y el diálogo escrito• Anima el proceso de argumentación a la hora de responder a los comentarios recibidos• Amplía el tiempo de aprendizaje porque traspasa las paredes del aula/biblioteca• Fomenta valores de respeto a la opinión ajena• Desarrolla la organización del pensamiento propio• Fomenta el trabajo en equipo dentro y fuera de la escuela• Consolida la identidad del alumno a través de su presencia en la Red
En relación con el papel de los blogs en el fomento de la lectura, los asistentes a mi grupo de trabajo concluyen que los blogs:
• Ofrecen una conversación en red entre lectores• Permiten crear una comunidad de lectores con los mismos hábitos, gustos, preferencias, etc.• Son una fuente de información complementaria a los suplementos y revistas culturales tradicionales• Son una fuente fiable de intercambio de información sobre libros entre lectores• Motivan la creación porque dan más visibilidad a lo escrito/publicado• Ayudan en la creación de clubes de lectura• Incluyen a la biblioteca escolar en el ámbito privado del ocio o de continuación del aprendizaje individual.
En la nueva era de la participación los lectores de libros ya no quieren limitarse a recibir información sobre un nuevo libro, sino que, además, quieren interactuar a través de las nuevas tecnologías opinando sobre sus lecturas y las reseñas que leen en los medios tradicionales, recomendando libros a otros lectores, compartiendo experiencias y competencias lectoras.
Dado el alto potencial que tienen los blogs en el fomento de la lectura y en la construcción colectiva del conocimiento, más vale que los profesionales del sector del libro empiecen a familiarizarse con estas nuevas herramientas y con el lenguaje multimedia de la comunicación (sonido en formato podcast, imágenes e hipertextos, videoblogs, fotoblogs, webquest, wikis, etc.), y sobre todo que vayan pensando en el papel que jugarán estas nuevas tecnologías de gran impacto social en sus futuras acciones de fomento de la lectura.
Leer artículo publicado en La Gaceta de Salamanca Pinchar aquí
Artículo publicado en:
Ilustración:
La Lectura. Merello

viernes, mayo 26, 2006

Literatura de cordel

El mundo es cada vez más mundial: va del aereopuerto al spa, al mall, a los resorts y de regreso. Se conecta por celular o internet a cuentas de banco, casas de bolsa, servicios médicos, de mantenimiento o reparación de todo lo imaginable, y tiene acceso a información de innumerables fuentes siempre y cuando no estén clasificadas, y aun si es así.
En un mundo como éste, Un mundo feliz, un 1984, las restricciones impuestas a la producción y expresión de las iniciativas particulares de los grupos y las personas -- por el mercado, los gobiernos y las cofradías culturales-- parecieran no haber dejado más canal que la red global de comunicaciones, la virtualidad de la informática y la computación, para sortear los cercos aun a riesgo de sustituir y homogenizar la vasta experiencia humana que sigue buscando expresarse sin cortapisas.
Por fortuna esto es una falacia.
La sociedad actual es global sólo en tanto existen directrices cada vez más homogéneas que intentan --no lo logran del todo-- diseñar y normar formas de vida usables, que no útiles, por los intereses de pocos. Es real que el internet ha logrado romper barreras que veinte años atrás tenían cercados a grandes sectores de población que literalmente no sabían cómo hacerle para expresar sus inquietudes, comunicarse de manera efectiva y tan veloz que puede ser instantánea. El mundo de las relaciones ha crecido enormidades desde la popularización del correo electrónico y el internet, y este no es un texto para denostar las comunicación mediante computadora, salvo que las limitaciones a la textura de las imágenes digitales y las todavía barreras para un diseño gráfico tan dúctil como el que campea en las publicaciones normales es todavía un hecho. Existe una discusión --a la que no entraremos-- de si las imágenes por computadora, sean de cine o fotografías, logran la precisión y el encanto de sus originales generados analógicamente. Lo real es que una gran parte del planeta no tiene acceso a la red de comunicación por computadora.
Lo que la sociedad globalizante no ha registrado es que desde todos los rincones existen personas y grupos que, siguiendo una tradición que se remonta a los orígenes de la imprenta, publican cuadernos, revistas, folletos, volantes, carteles o periódicos con una bajísima producción y no necesariamente mala calidad; algunos son incluso ejemplos de diseño y línea editorial. Con los limitados recursos a su alcance, desde las regiones rurales no globalizadas o apenas conectadas, y desde el centro mismo de las ciudades y sus barrios, los tirajes populares de cancioneros, poemarios, declaraciones coyunturales, denuncias, manuales de herbolaria o doctrina religiosa o política, narraciones, crónicas y avisos circulan subterráneamente pese a que todos los aparatos del mercado o los gobiernos, la policía o los comisarios de la cultura han hecho lo posible por erradicarlas o han creído tan despreciable esa producción que simplemente no la contabilizan en sus estadísticas.
Estas literaturas de cordel siguen circulando a espaldas del sistema normativo en tendajones, en los mercados callejeros de pueblos, rancherías o barrios, en los locales de las organizaciones campesinas, artísticas, gremiales, barriales o de jóvenes, con presencia, pertinencia, afinidad y cercanía con los modos culturales de quienes los producen, convirtiéndose en espejo de la experiencia regional --si entendemos por regional no lo geográfico sino el entramado de relaciones de grupos y personas.
El nombre de literatura de cordel le viene del proceso de secado de las páginas que una vez impresas se cuelgan en los tendederos a orear. Su producción es el extremo más modesto del sector editorial, pero sigue viva porque el impulso narrativo, ese impulso por intercambiar experiencias y tener una identidad pública (incluso anónima), esas ganas de hacer sentido en el aparente vacío que nos circunda y que nos hace dudar de nuestra existencia, es tan remoto como la relación humana y no empieza con la imprenta. Si el saber empalmó con esta tendencia renacentista, fue por las mismas razones que hoy se invocan para el internet, por eso no cabe deslegitimar el medio electrónico así nomás. En aquel entonces también el poder temía la nueva herramienta.
Alguien que siempre reconoció la potencialidad de la escritura y su publicación, por modesta que fuera, fue Freinet. A principios de este siglo, el educador anarquista instaló imprentas manuales en las escuelas porque entendió la carga liberadora de hacer surgir la individualidad como centro único de la experiencia.
Hoy, en un mundo que acumula más y más experiencia simultánea, las páginas de estos cuadernos o folletines alimentan a los trovadores, a los huapangueros, a los poetas locales, a los ávidos de aprenderse una letra, unos versos o una historia, pero también a los grupos disidentes, contraculturales --y existen casi siempre en la frontera con tradiciones orales remotas o recientes.
Un ejemplo notable son las colecciones de literatura de cordel que circulan por el sertón brasileño, en la parte nordeste del país sudamericano. En este enclave de un aparente medievo entreverado de industria pesada, hambrunas, sectas religiosas, santería y miseria --y donde surgen como resistencia corrientes sociales como el Movimiento de los Sin Tierra--, las vida de músicos, de poetas como Myriam Fraga, de educadores locales como Anisio Teixeira-Grande, o los llamados ejemplos como la historia del protestante que fue expulsado del cielo, la de la mujer que dio luz a una cobra por renegar del buen Jesús de Lapa, o aquella de la muchacha con minifalda que tomó un baño de mar con Satanás en la playa de Amaralina, siguen arrobando a los miles que las leen y las recirculan entre parientes y amigos.
En México son los decimistas cercanos a los sones huasteco y jarocho, o al huapango arribeño, quienes siguen produciendo una literatura regional cercana a la literatura de cordel brasileña. A fin de milenio, no es posible excluir la cultura underground cercana al rock, al movimiento punk y al anarquismo que desde los ochenta publica los llamados fanzines (juego de palabras entre magazine y fan, fanático, pero también abanico, en inglés), es decir, publicaciones producidas por quienes las consumen, y que han roto barreras nacionales en sus canales subterráneos. Las múltiples publicaciones de grupos armados rebeldes, organizaciones campesinas, indígenas, organismos no gubernamentales ecológicos o enfocados a la salud, grupos de la comunidad lésbico-gay, gente volcada a los comics, comunas autogestivas o comités vecinales, difunden todas algo para decir aquí estoy. Es tal la avidez de decirlo --el grafitti es la muestra más contundente y quizá la más remota de ese impulso-- que seguirán proliferando para gritar desde las grietas la pertenencia, la memoria y la experiencia de millones que no están contemplados pero existen.
Ramón Vera Herrera

jueves, mayo 18, 2006

Base de datos de Manuales Escolares


Hemos recibido el Informe técnico del primer año de ejecución del proyecto AlfaPatreManes redactado por su Coordinadora Académica, la Dra. Gabriela Ossenbach Sauter, de UNED (Madrid, España)
En este post recogeremos los aspectos referidos a la base de datos, a saber:

La base de datos de manuales escolares de la Red PATRE-MANES se ha confeccionado a partir de la base de datos ya existente del Centro de Investigación MANES de la UNED (España), en el programa Win/ISIS. El programa Win/ISIS fue creado por la UNESCO para la catalogación de bibliotecas, y está extendido ampliamente en Europa y América Latina. La base de datos originaria ha sido adaptada para incluir las bases de datos de los demás países participantes en la Red (Argentina, Colombia, México, Bélgica y Portugal). Además de una serie de mejoras técnicas, tanto para la captura de nuevos registros como para la consulta de la base de datos a través de internet, se ha previsto la posibilidad de trabajar con la base datos en todos los idiomas de los países participantes (español, portugués, francés y flamenco). La incorporación de todos los términos traducidos se llevará a cabo en los próximos meses. Junto a estas modificaciones pendientes, quedan otras correcciones técnicas por hacer, que se están llevando a cabo actualmente. No obstante, para no retrasar los trabajos de catalogación que se están realizando en las distintas Universidades adscritas a la Red, esta versión preliminar de la base de datos ya es accesible en internet:
http://hum.unne.edu.ar/investigacion/educa/instituto/index.html
así como en:
http://www.uned.es/manesvirtual/basededatosmanes.html

Las modificaciones en el diseño de la base de datos no han sido, sin embargo, solo de carácter técnico. En el primer encuentro de PATRE-MANES, celebrado en la Universidad del Atlántico (Barranquilla, Colombia) en septiembre de 2005, se tomaron importantes acuerdos relativos al diseño definitivo de la base de datos, los cuales supusieron eliminar o modificar algunos de los campos de la base de datos originaria del Centro de Investigación MANES de España. Estos cambios estuvieron motivados por la necesidad de simplificar el trabajo de catalogación y evitar errores en la elaboración de las fichas, pero sobre todo por el imperativo de contar con una ficha que responda a las características de los textos escolares de todos los países integrantes de la Red, y que permita en última instancia el trabajo comparativo en las investigaciones sobre los manuales escolares de Europa y América Latina.

Los diferentes equipos integrantes de la Red PATRE-MANES están incorporando registros en esta base de datos. Cabe destacar que se ha llevado a cabo la conversión de una base de datos de textos escolares belgas publicados entre 1830 y 1880 (48.000 registros), que habían sido catalogados dentro de un proyecto iniciado en 1997 por las Universidades de Gante y Lovaina, integrantes de la Red, y cuyos criterios de catalogación eran bastante coincidentes con los del Centro de Investigación MANES. Por su parte, el equipo de la Universidad de Lisboa tiene previsto hacer la conversión a la base de datos de PATRE-MANES de los registros de textos escolares portugueses de la Biblioteca Nacional de Lisboa y de la Associaçâo Jardins-Escola Jôao de Deus / Escola Superior de Educaçâo Jôao de Deus (Lisboa)[1]. Para este fin se ha firmado un acuerdo de colaboración con esta última institución, y está en vías de firmarse otro acuerdo similar con la Biblioteca Nacional de Lisboa.

Cada una de los equipos integrados en la Red PATRE-MANES ha contado con una persona encargada de la gestión de la base de datos y de la catalogación de manuales escolares de sus respectivos países. Todos ellos participaron en el primer encuentro de la Red en Barranquilla: María Cristina Linares (Universidad de Luján, Argentina), María del Rosario Ruiz (Universidad del Nordeste, Argentina); Francisco Eversley (Universidad del Atlántico, Colombia); Jonathan Jurado (CIESAS, México); Carlos Grosso (Universidad de Lisboa); Ana Badanelli (UNED, España). Las Universidades de Gante y Católica de Lovaina no han contado hasta este momento con un gestor de la base de datos, ya que ambas Universidades habían realizado ya un censo de manuales escolares que, como se dijo anteriormente, ha sido convertido al sistema Win/ISIS e incorporado a la base de datos de la Red PATRE-MANES.

La persona encargada de la coordinación de todos los trabajos de la base de datos es el profesor Miguel Somoza Rodríguez, de la UNED (España). Él es responsable del servidor propio que se ha instalado en la UNED especialmente para esta base de datos. El Profesor Somoza participó también en el encuentro de Barranquilla, junto a todos los coordinadores de las Universidades integradas en la Red.

Además de completar los trabajos pendientes en el diseño de la base de datos, durante el segundo año de ejecución del proyecto está previsto acelerar los trabajos de catalogación de manuales escolares de todos los países participantes, así como la conversión de las bases de datos portuguesas antes mencionadas. Igualmente, está previsto elaborar las guías para los usuarios de la base de datos (tanto para la consulta como para la recogida de registros), en los cuatro idiomas de uso en los países integrantes de la Red.
[1] http://www.joaodeus.com/associacao/associacao.htm
Ilustración:
Puerta de acceso de la casa de Agustín Escolano Benito en Berlanga del Duero donde se realizará el segundo seminario de la Red en octubre de 2006

sábado, mayo 13, 2006

Ivan Illich. De la cultura libresca al manual escolar

Queremos compartir la lectura de un texto de Ivan Illich que fuera publicado en 2002 por el Fondo de Cultura Económica. Más allá de las coincidencias o diferencias que provocan los textos de Illich, en esta introducción al Didascalicon de Hugo de San Víctor se podrían encontrar notables resonancias de los orígenes medievales del libro y su cuestionamiento actual como componente esencial de nuestras tareas con manuales escolares.

“La cultura clásica de la imprenta fue un fenómeno efímero. Según Steiner, pertenecer a "la edad del libro" significó la posesión de los medios de lectura. El libro era un objeto doméstico, estaba disponible para ser releído a voluntad. La época presuponía el espacio privado y el reconocimiento del derecho a periodos de silencio, y también la existencia de cámaras de eco como periódicos, academias o tertulias.
La cultura del libro requería un mayor o menor consenso sobre el canon de los valores y modalidades textuales. Y eso representó más que un simple medio para que aquellos que se convirtieran en sus expertos pudieran reclamar los privilegios de la clase media. En la medida en que la lectura libresca fue el objetivo de la iniciación para católicos, protestantes y judíos asimilados, del clero y de anticlericales iluminados, tanto de humanistas como de científicos, las formalidades envueltas en este tipo de lectura definieron, y no simplemente reflejaron, las dimensiones de la topología social.
El libro ha dejado de ser la metáfora raíz de la época; la pantalla lo ha remplazado. El texto alfabético se ha convertido en una más de las múltiples formas de codificar algo, que ahora se denomina "el mensaje". Retrospectivamente, la combinación de todos aquellos elementos que desde Gutenberg al transistor habían fomentado la cultura libresca aparece como una singularidad de este periodo fundamental, característico de una sociedad, a saber, la occidental.
Esto es así pese a la revolución del libro en rústica, el retorno solemne a la lectura pública de poemas y el a veces magnífico florecimiento de editoriales alternativas y caseras. La lectura libresca puede reconocerse ahora claramente como el fenómeno de una época y no como un paso lógicamente necesario en el progreso hacia el uso racional del alfabeto; como un modo, entre varios, de interacción con la página escrita; como una vocación particular, entre muchas, para ser cultivada por algunos dejando otros modos a otros. Pero la coexistencia de diferentes estilos de lectura no es un fenómeno nuevo.
Para ilustrar mi postura me gustaría contar la historia de la lectura durante un lejano siglo de transición. Comparto con George Steiner un sueño en el que, fuera del sistema educativo que ha asumido funciones completamente diferentes, podría haber algo así como casas de lectura, similares al shul judío, la medersa islámica o el monasterio, donde los pocos que descubran su pasión por una vida centrada en la lectura pudieran encontrar la guía necesaria, el silencio y la complicidad del compañerismo disciplinado que se precisan para la larga iniciación en una u otra de las diversas "espiritualidades" o estilos de celebrar el libro.
Para que pueda comenzar a florecer un nuevo ascetismo de la lectura, debemos primero reconocer que la lectura libresca "clásica” de los últimos 450 años es sólo una entre varias formas de utilizar las técnicas del alfabeto. Por esta razón describo e interpreto, en los seis primeros capítulos, un avance técnico decisivo que tuvo lugar hacia 1150, trescientos años antes de que el tipo movible se comenzara a usar. Este avance consistió en la combinación de más de una docena de inventos técnicos y adaptaciones a través de los cuales la página dejó de ser partitura para convertirse en texto.
No fue la imprenta, como normalmente se asume, sino este conjunto de innovaciones, doce generaciones antes, lo que constituyó el fundamento necesario para todos los estadios recorridos desde entonces por la cultura libresca. Esta colección de técnicas y hábitos permitió imaginar el "texto" como algo separado de la realidad física de una página. Reflejó, y a su vez condicionó, una revolución en lo que la gente culta hacía cuando leía, y en lo que experimentaba que significaba la lectura.
En mis comentarios al Didascalicon de Hugo, propongo una etología histórica de los hábitos de lectura medievales junto a una fenomenología histórica de la lectura-como-símbolo en el siglo XII. Lo hago con la esperanza de que la transición de la lectura monástica a la escolástica pueda iluminar de algún modo una transición muy diferente que está teniendo lugar en la actualidad.”
Una última apostilla ¿por qué viñedo?
"Cuando Hugo lee, cosecha; recoge los frutos de las líneas. Sabe que Plinio ya había observado que la palabra pagina, "página", puede referirse a las líneas de viñedos consideradas en conjunto.
Las líneas de la página eran los hilos del enrejado que sostiene las viñas. Mientras recoge el fruto de las hojas del pergamino, las voces
paginarum caen de su boca; como un suave murmullo si van dirigidas a su propio oído, o recto tono, si se dirige a la comunidad de monjes."

1. ILLICH, Iván (2002) En el viñedo del texto. Etología de la lectura: un comentario al “didascalicon” de Hugo de San Víctor, México, 2002

viernes, mayo 05, 2006

Difusión del blog


Véase el informe de visitas realizadas al blog el 5 de mayo según el informe del Stat Counter.
(uno de los programas que aparecen en el pie en "comunidad de blogs")

En este caso agrega la ciudad de origen al país desde donde se realizó el ingreso.

domingo, abril 30, 2006

Sobre os professores e a profissão docente.

O suplemento Sinapse do Jornal Folha de São Paulo de setembro expôs para todo o Brasil dados sobre o perfil etário dos professores brasileiros que há muito vêm sendo discutidos pela comunidade acadêmica. São informações alarmantes que mereceram comentários, dentre outros, do articulista dessa Folha, Walter Ceneviva, em sua coluna do dia 08/10/2005. Depois disso, várias articulistas voltaram à questão. Tais dados demonstram que os jovens estudantes já não escolhem a profissão docente como uma forma de “ganhar a vida honestamente e de contribuir para a sociedade”, como se diz da profissão desde, pelo menos, o século XIX.
Mas, o que os dados nos dizem? Em primeiro lugar, e obviamente, que, conforme a própria matéria aponta, daqui a alguns poucos anos, aquilo que já é uma realidade em algumas áreas (física, matemática, geografia, dentre outras) será generalizado para toda a educação básica: faltarão professores para a escola básica brasileira. Mas, não apenas isto. O mais grave é que, independentemente do número, verifica-se que a profissão perdeu, de vez, o poder de atrair/seduzir jovens talentos. Ou seja, a tarefa socialmente relevante e culturalmente fundamental de conduzir as novas gerações ao mundo adulto já não atrai parcela significativa (e necessária) de sujeitos dessa mesma sociedade. É como se os jovens estivessem dizendo: não vale a pena jogar o melhor das minhas energias nessa tarefa, apesar de sua relevância social e cultural.
Não podemos confundir, com isso, que os jovens que entram na universidade e buscam uma formação que lhes garantam a sobrevivência digna não considerem a profissão docente como relevante ou que aos próprios professores não gozem de considerável prestígio social. Em pesquisas realizada no mundo inteiro, inclusive no Brasil, as populações consideram a profissão docente como uma das relevantes socialmente. Onde estaria o problema então?
Não há dúvida, e numerosos estudos o demonstram, que a questão salarial é uma das mais candentes. Nos últimos dias, por exemplo, observamos os professores mineiros enfrentando o Estado que se propõe a aumentar o piso salarial da categoria de R$212,00 para R$305,00!!!! Não há como convencer os jovens que uma profissão que retribui economicamente tão mal os seus praticantes, seja uma escolha sensata quando se vai abraçar como carreira. Mas, penso, esta não é a única questão, inclusive por que os salários dos professores nunca foram dos mais altos na administração pública. Ao longo do século XIX, por exemplo, os professores tinham que buscar outras fontes de renda para fazer frente às necessidades de manutenção de suas famílias, quando não das próprias escolas. Este aspecto não mudou muito no século XX.
Penso que outra dimensão do problema está na crescente complexificação do papel dos professores nas sociedades modernas e, face a isto, a manutenção de políticas de educação (e de atuação junto ao professora) ultrapassadas. Hoje, talvez mais do que nunca, o professorado sabe que a “condução das novas gerações” implica um conjunto enorme de saberes e competências, continuamente explicitadas pelas políticas educacionais e pela literatura que o professor tem acesso ao longo de sua formação e de sua atuação profissional. No entanto, ao mesmo tempo, as precárias condições de formação e trabalho e a baixa remuneração impedem que os docentes tenham acesso, de fato, a tais saberes e competências. Este é um dos aspectos que aumentam ainda mais a já tensa – por sua própria natureza – experiência docente.
Soma-se a este aspecto, o fato de que as desigualdades sociais e econômicas estão fazendo com que a experiência docente, que sempre foi marcada pela experiência do medo e do receio do outro, esteja cada vez mais naturalizando a violência física como um padrão de relação entre alunos/alunos e destes com professores. Explico: elemento fundante da relação docente, a relação com o outro é sempre tensa e, no caso do professor, sempre comporta uma certa violência simbólica de condução deste outro – o aluno – ao universo adulto. Mas, e quando, como hoje, a violência é uma ameaça constante ao próprio professor, qual a repercussão disso em sua subjetividade e em sua maneira de encarar as próprias responsabilidades?
Diante do crescente fracasso (secular) da escola em realizar bem as suas tarefas mais básicas, o Estado, principal responsável pelas redes públicas de ensino, sempre adotou as mesmas políticas: reforma dos cursos de formação e dos currículos escolares, mudanças dos livros didáticos e acenos de adoção de novas, e salvacionistas, tecnologias de ensino. Em comum, todas essas reformas têm o fato de imputar ao professor a maior responsabilidade pelo chamado “fracasso da escola”. De tanto se dizer isto ao longo de pelo menos dois séculos de história da escola, essa é uma idéia que ronda os professores, como o é, também, a idéia de que é a educação que vai salvar este país! Quanto à melhoria dos salários e das condições de trabalho, isso sempre ficou para um futuro incerto que nunca chegou, inclusive porque o “serviço da instrução“ reúne um contingente tão considerável de profissionais que o aumento salarial, por pequeno que seja, repercute enormemente nas já combalidas finanças do Estado (este são termos do século XIX!!!).
É evidente que a experiência dos professores marcam também as experiência dos alunos. E qual aluno, uma vez chegando a sua vez de escolher uma profissão, escolheria uma tal profissão, mesmo que ele a considere relevante socialmente? Depois de conviver ao longo de sua infância e parte de sua juventude com professores extenuados, desmotivados, mal remunerados...quem se atreveria a escolher a profissão? É evidente que sempre há exceções e, felizmente para muito de nós, elas foram e são muitas, mas a regra é que a profissão docente concentra, repito, desde o século XIX, um altíssimo nível de adoecimento profissional.
A complexidade da questão demanda, tanto do Estado quanto do conjunto da sociedade brasileira, uma séria tomada de posição. Não porque a educação vá salvar o país ou coisa do gênero, pois dizer isto é faltar com a verdade. Mas porque o professor ocupa-se de uma tarefa das mais fundamentais em nossa cultura: a da apresentação e condução das novas gerações à vida adulta. Só por isso – e sabemos que a função social/cultura/econômica/política é muito maior – já seria motivo para uma maior valorização do professorado. Tal valorização, no entanto, não é problema apenas do Estado como empregador, é também um problema que se refere e todos e a cada um de nós, pois como valorizar (e remunerar) melhor o professor e, ao mesmo tempo, conviver com uma sociedade tão desigual e injusta como a nossa? O que precisamos perguntar é: é possível fazer uma escola de qualidade para os mais pobres quando, cada vez mais, nossa sociedade parecer querer naturalizar a pobreza e as desigualdades sociais? Assim, convencer os jovens a escolher a profissão docente é uma tarefa que aponta para a necessidade uma profunda revisão de nossas prioridades como sociedade humana, e esta é uma tarefa que nos envolve a todos.
Para ilustrar el inquietante artículo enviado por Luciano Mendes de Faria Filho sobre la profesión docente, en tantos puntos similar a lo que sucede en Argentina, se nos ocurrió el conocido "El maestro de Escuela" de René Magritte.
La inquietante ilustración responde al inquietante tema.
Luciano Méndes de Faria Filho é Professor de História da Educação na Faculdade de Educação da UFMG e co-organizador do livro 500 anos de educação no Brasil (Ed. Autêntica, 2002)
Muchas gracias Luciano


Encuentro Iberoamericano de Museos Pedagógicos


Santiago de Compostela, 1 de abril de 2006

Distinguido/a colega:

Me pongo en comunicación contigo para informarte de que desde el Museo Pedagóxico de Galicia (MUPEGA) estamos realizando las gestiones preliminares para organizar el I ENCUENTRO IBEROAMERICANO DE MUSEOS PEDAGÓGICOS Y MUSEÓLOGOS DE LA EDUCACIÓN, que de acuerdo con las previsiones iniciales tendrá lugar en Santiago de Compostela (España) entre los días 21 al 23 de febrero de 2007.

Nos gustaría contar con tu presencia y tu participación en este evento congresual, por medio del cual se tratarán de estrechar los vínculos entre las diversas instituciones museísticas del mundo iberoamericano, especializadas en el área temática de la educación, al tiempo que se fomentará el conocimiento e intercambio de saberes y experiencias entre cuantos venimos trabajando en las tareas de recuperación, salvaguarda, explotación científica y difusión de los acervos que conforman la memoria de la educación.

Si, como esperamos, te decides finalmente a compartir tus proyectos y propuestas con todos cuantos nos encontraremos en las instalaciones del MUPEGA, te pido que a la mayor brevedad -antes del 15 del presente mes de abril- y si es posible por este mismo medio me lo comuniques, para que podamos continuar efectuando los trámites preparatorias necesarios. Te ruego disculpes mi insistencia en disponer
de tu confirmación en un plazo tan corto, pero sólo si todos los invitados responden en el plazo fijado estaremos en condiciones de continuar con las tareas organizativas.

Confiando en contar con tu colaboración, aprovecho este mensaje para testimoniarte mi consideración y enviarte un saludo muy cordial

Prof. Dr. Vicente Peña Saavedra
Coordinador Científico del MUPEGA

Para ponerte en comunicación con nosotros, puedes hacerlo a través de las siguientes
direcciones electrónicas:

vipesa@edu.xunta.es
museo.pedagoxico.galicia@edu.xunta.es
http://www.edu.xunta.es/mupega
http://www.mupega.org

Museo Pedagóxico de Galicia
San Lázaro, n.º 107
15781 Santiago de Compostela
A Coruña-Galicia
EspañaTeléf.: +34 981 540 150
Fax: +34 981 540 154

Ilustración:
Objetos escolares tomados de la página web del MUPEGA

domingo, abril 23, 2006

Día Mundial del Libro

Entrevista con Rosa María Torres por Johnny Alvarado Dominguez, diario EXPRESO y Revista SEMANA,
Guayaquil-Ecuador

23 abril 2006

1.- ¿Considera que en el país no see lee como se debería porque es muy caro leer o porque no existen buenos textos para adquirirlos?

Muchas personas no leen simplemente porque no saben leer y escribir, porque no fueron a la escuela, porque la abandonaron en los primeros grados o porque fueron a una mala escuela (en los centros de alfabetización constatamos hoy que asisten muchos niños, jóvenes, adultos que han llegado hasta el cuarto, quinto y hasta sexto grado, y sin embargo aprendieron apenas los rudimentos de la lengua escrita).

Muchas otras personas no leen, sabiendo leer, porque no hay objetos de lectura a su alrededor, llámese libro, periódico, revista, folleto, volante, carta o lo que sea. La nuestra no es una sociedad que no fomenta ni valora la lectura y la escritura. En comunidades y escuelas rurales a menudo no hay nada para leer, además de los textos y cuadernos escolares y de los anuncios comerciales o la propaganda electoral. A muchos lugares no llega el periódico o, si llega, es inalcanzable para la gente (antes los pequeños comerciantes envolvían la compra en periódico; cada vez menos, cada vez más nos inunda el plástico). A menudo, los materiales impresos que llegan de oficinas estatales o de organizaciones no-gubernamentales, son sosos o excesivamente complejos, no despiertan el interés. He visto asimismo innumerables “bibliotecas comunitarias” que sólo tienen libros de texto para los estudiantes y a las que van a parar libros que no pudieron venderse comercialmente y que a nadie interesa leer. ¡Ni qué hablar de la disponibilidad de materiales de lectura en lenguas indígenas!

Lamento aguar el festejo del libro, pero creo que es imprescindible distinguir promoción del libro y promoción de la lectura, reconocer que los libros no son los únicos objetos de lectura, que estos ya no vienen sólo en soporte impreso sino también en soporte digital, y que hay muchos malos libros, que no merecen leerse.

Por otra parte, ¿de dónde sale la idea de que hay que poseer un libro para poder leerlo? Para eso se inventaron las bibliotecas, hace muchísimos años, para colectivizar la lectura y el uso de los libros. Hoy tenemos además los café Internet, cybercafés o telecentros - como se los quiera llamar- que se extienden en el país y en toda América Latina y en los que la actividad central también gira en torno a la lectura y la escritura, pero a partir de la computadora. Estamos expuestos - sobre todo en las ciudades - a innumerables objetos y situaciones de lectura y escritura, incluyendo los medios virtuales y las tecnologias digitales (celular, computadora), los cuales están de hecho contribuyendo a hacer más popular y más cotidiana la lectura y la escritura especialmente entre los jóvenes pero también entre los adultos.

Claro que el problema principal sigue siendo no sólo cuánto se lee o escribe, sino qué se lee y qué se escribe, y para qué.

2.- ¿Qué medidas se deben adoptar para que los libros sean más baratos en el país?

Partamos de lo ya dicho: no se debe reducir lectura a libro, es preciso fomentar la lectura en todos sus soportes y formas, dentro y fuera del sistema escolar, y a lo largo de toda la vida.

Ciertamente es importante abaratar los costos de los libros y democratizar su uso, pero eso no es lo único que hay que hacer. Desde el otro lado, hay que mejorar el nivel de vida y el poder adquisitivo de la población. Hay que abaratar el costo de la vida en general, combatir en serio la pobreza, que afecta a la mayoría de la población. Cuando se está en el límite de la supervivencia, el libro pasa a ser objeto suntuario, lujo de minorías y de élites. No se trata pues sólo de políticas editoriales o de campañas de promoción de la lectura sino de políticas económicas y sociales a nivel macro.

Habría que abaratar también el costo de los periódicos, y mejorar enormenente su calidad. Un pobre periodismo genera pobres lectores, y a la inversa; es un círculo vicioso. Asimismo, hoy en Internet se pueden encontrar bibliotecas completas que están disponibles en línea, el único costo es el de la conexión a Internet y el de la impresión, si se prefiere leer en papel y no en la pantalla. Yo misma he puesto la mayor parte de mis publicaciones a disposición pública y gratuita, en mi página web institucional http://www.fronesis.org/

3.- ¿Se considera usted una buena lectora? ¿Cuál fue el último libro que leyó?

Soy una persona que lee y escribe cotidianamente, en papel y en la pantalla. Leo de todo, desde tratados científicos y densos hasta lecturas frívolas de esas que se encuentran en consultorios o peluquerías, básicamente porque soy curiosa, me gusta aprender y explorar, y siento que todo está finalmente relacionado con todo. Leer y escribir es la esencia misma de mi trabajo como educadora, comunicadora y activista social, y mi fuente más importante de aprendizaje permanente. Lo hago por placer, no por obligación. Ahí está el único pequeño gran secreto de todo buen lector o escritor.

El libro "de cabecera" que estoy leyendo (aún no lo termino) se titula "Mujeres que corren con los lobos". Este es el que he cargado conmigo en mis últimos viajes, el que leo en aeropuertos y aviones, o bien por las noches. Pero están además todos los otros libros y documentos con los que me encuentro todos los días, como parte de mis tareas profesionales y de investigación. Es raro que una persona que lee mucho responda a esta pregunta en singular -EL libro – y en pasado –el ULTIMO.

4.- ¿Cómo incentivar la lectura entre los niños y los jóvenes del Ecuador?

Es fundamental que empecemos dando el ejemplo los adultos, padres y madres de familia, maestros y maestras. Los niños y niñas que ven leer y escuchan leer a su alrededor, desarrollan ideas y actitudes respecto de la lectura que no las desarrollan los niños y niñas que crecen en ambientes iletrados o sin estímulo hacia la lectura. Hay abundante investigación que muestra esto, en todo el mundo. De allí que tener padres alfabetizados y educados debe pasar a ser visto no sólo como un derecho de los adultos sino de todo niño o niña. Un padre o una madre analfabetos no pueden leer a sus hijos, están privados de ese placer especial que es leer en voz alta a y junto con los hijos. Un maestro que no lee, mal puede enseñar a sus alumnos el gusto por la lectura.

Con el perdón del libro y del Día del Libro, creo que precisamente – entre otros - hay que desmitificar el libro y acoger como válidas y necesarias todas las formas y los soportes de la lectura, integrándolas antes que creando redes y sistemas en pararelo como viene ocurriendo: biblioteca escolar y biblioteca comunitaria, libros y computadoras, cuadernos y pantallas, revistas y enciclopedias, bibliotecas y cybercafes o laboratorios informáticos, etc.

Mis dos hijos, de pequeños, disfrutaban mucho de las revistas de comics. Nosotros, los padres, les incentivábamos a que leyeran lo que quisieran leer. Sabíamos que lo más importante y lo más difícil - y donde se equivocan precisamente muchos padres y maestros- es dejar que aflore el interés y el amor por la lectura. Borges, el gran escritor argentino, recomendaba abandonar un libro si aburría, aunque fuese escrito por algún grande de la literatura o la historia mundial.

Y es que a la lectura y a la escritura se llega con y por placer, no por obligación. La escuela jamás forjará lectores y escritores, ni buenos ni malos, si insiste en seguir haciendo de la lectura y la escritura herramientas de castigo y de tortura.

Instituto Fronesis http://www.fronesis.org
Ilustración:
La lectura. Renoir

sábado, abril 22, 2006

Elogio de la lectura


¿En qué consiste ese extraño sentimiento de intimidad compartida, de sabiduría regalada, de maestría del mundo a través de un mero juego de palabras? Éste es un paseo por la historia de los libros y por las obras de algunos de esos grandes hechiceros responsables del paraíso de la lectura. Memoria, intimidad, imaginación, sentimientos, inteligencia, aventura y descubrimiento son algunas de las palabras que reivindican el estatus de un placer que nos hace más humanos.
Alberto Manguel
BABELIA (El País) - 22-04-2006


Si debemos justificarnos inventamos razones estéticas, culturales, filosóficas o morales. Pero la verdad es que nuestros juicios son casi todos refutables fuera del campo hedonista. La memoria de los libros es la nuestra, seamos quienes seamos y estemos donde estemos. Intimidad solitaria y compartida. La lectura nos ofrece también el placer de la inteligencia
Como la experiencia muestra, la debilidad de nuestra memoria olvida fácilmente no sólo los actos ocurridos hace mucho tiempo, sino también los recientes de nuestros días. Es, pues, muy conveniente y útil poner por escrito las hazañas e historias antiguas de los hombres fuertes y virtuosos para que sean claros espejos, ejemplos y doctrina para nuestra vida, según afirma el gran orador Tulio".
Así comienza la novela que, entre los pocos libros perdonados de la biblioteca de Don Quijote, el cura rescata por ser "un tesoro de contento y una mina de pasatiempos": el Tirant lo Blanc de Joanot Martorell y Martí Joan de Galba. "Llevadle a casa y leedle", le dice a su compadre el barbero, "y veréis que es verdad cuanto dél os he dicho".
El Tirant justifica su propia existencia como un remedio a nuestra flaca memoria, como depósito de nuestra experiencia pasada, como espejo de valores antiguos y de enseñanza meritoria. Eso quiso su autor, pero sus lectores, menos ambiciosos, como aquel cura de La Mancha, no se preocuparon por tales noblezas y lo recomendaron por razones más sutiles y menos graves: por dar contento, proveer pasatiempo, provocar deleite. El censorio cura y el ensañado barbero condenaron a las llamas aquellos libros de Don Quijote que, a sus ojos, pecaban de revueltos, disparatados, arrogantes, duros, secos -es decir, libros que no les gustaban-. Porque en el momento de la verdad, frente a la salvación o a la hoguera, para un verdadero lector lo que importa es el placer.

Pero ¿qué es este placer? ¿En qué consiste ese extraño sentimiento de intimidad compartida, de sabiduría regalada, de maestría del mundo a través de un mero juego de palabras, de entendimiento adquirido como por acto de magia, de manera profunda e intraducible? ¿Por qué nos lleva a rechazar ciertos libros sin misericordia y a coronar a otros como clásicos de nuestra devoción si algo en ellos nos conmueve, nos ilumina, pero por sobre todo nos deleita?
Como lectores, nuestro poder es aterrador e inapelable. No nos enternecen ni las súplicas de los críticos ni las lágrimas de los lectores que nos han precedido. Implacables, a través de los siglos, juzgamos y volvemos a juzgar a los libros que ya se creían a salvo. Por puras razones de gusto, en el paraíso de la lectura, Cervantes ocupa el lugar que Martorell y Galba han perdido a pesar del juicio del mismo Cervantes. ¿Nuestros abuelos adoraban a Anatole France y a Mazo de la Roche? A nosotros no nos gustan: al infierno con ellos. ¿Melville fue despreciado y Kafka vendía apenas unos pocos ejemplares? Hoy Melville está sentado a la diestra de Dante y una primera edición de La metamorfosis de Kafka vale unos seis mil euros. Si debemos justificarnos, inventamos razones estéticas, culturales, filológicas, históricas, filosóficas, morales. Pero la verdad es que, a fin de cuentas, nuestros juicios son casi todos refutables fuera del campo hedonista.
El lema de todo verdadero lector es De gustibus non est disputandum. "De gustos no se discute", o, como se dice en castellano, "sobre gustos no hay nada escrito". El proverbio latino dice la verdad; la traducción castellana miente. Nuestro placer no admite argumentos; admite en cambio una infinidad de escritos, los exige. Al fin y al cabo ¿qué son las bibliotecas sino archivos de nuestros gustos, museos de nuestros caprichos, catálogos de nuestros placeres?
El placer de la lectura, que es fundamento de toda nuestra historia literaria, se muestra variado y múltiple. Quienes descubrimos que somos lectores, descubrimos que lo somos cada uno de manera individual y distinta. No hay una unánime historia de lectura sino tantas historias como lectores. Compartimos ciertos rasgos, ciertas costumbres y formalidades, pero la lectura es un acto singular. No soñamos todos de la misma manera, no hacemos el amor de la misma manera, tampoco leemos de la misma manera.

Para ciertos lectores, el placer de la lectura es uno de intimidad. Ese espacio amoroso que un lector crea con su libro no admite otra presencia. El niño que lee bajo la manta a la luz de una linterna cuando se le ha ordenado dormir, el adolescente acurrucado en el sillón para quien el único tiempo que transcurre es el del cuento que está leyendo, el adulto aislado de sus congéneres en un atiborrado vagón de tren o en un bullicioso café, encuentra su placer en un mundo creado sólo para él. Proust volvía al comedor una vez que la familia había salido a pasear para hundirse en el libro que estaba leyendo, rodeado solamente de los platos pintados colgados en la pared, del almanaque, del reloj, todos objetos, nos dice, "muy respetuosos de la lectura" que "hablan sin esperar respuesta y cuya jerga, a diferencia de la de los humanos, no trata de reemplazar el sentido de las palabras leídas con un sentido diferente". Dos horas de placer hasta la entrada de la cocinera que, con sólo decir "así no puede estar cómodo. ¿Y si le traigo una mesita?", lo obligaba a detenerse, a buscar su voz desde muy lejos, a sacar las palabras de su escondite detrás de los labios y a responder, "no, gracias", con lo cual el encanto quedaba roto. El placer de la lectura no admite terceros.

Pero hay lectores para quienes la experiencia compartida prolonga y profundiza el placer de la intimidad. Acabo de leer un párrafo que me encanta y, antes de cerrar el libro o pasar a otra página, quiero leérselo a otros, regalar a un amigo el nuevo placer descubierto, formar un pequeño ruedo de admiradores de ese texto. Dar un libro a otro lector es decirle: "Éste fue mi espejo; ojalá sea el tuyo". Es así como creamos asociaciones de lectores que tienen algo de sociedades secretas, y es gracias a ellas que ciertos autores no han desaparecido de nuestras bibliotecas canónicas. He regalado innumerables ejemplares de Su mujer mona de John Collier, de la autobiografía de Henry Green, de Contra la corriente de James Hanley, de Rosaura a las diez de Marco Denevi, para poder hablar de lo que me gusta, para que mi placer tenga un eco. En su diario, Hervé Guibert cuenta que compró las Cartas a un joven poeta de Rilke para leer al mismo tiempo que su amigo el libro que éste se había llevado de viaje.

Intimidad solitaria y compartida.
La lectura nos ofrece también el placer de la inteligencia. ¿Qué otro arte nos permite pensar con Pascal, razonar con Montaigne, meditar con Unamuno, seguir los vericuetos de la mente de Vila-Matas o de Sebald? No se trata de dejarse convencer con argumentos ajenos, lo que se ha llamado "terrorismo intelectual". Se trata de ser invitados a un momento de reflexión, de convertirnos en testigos de la creación de una idea, como ocurre en los diálogos de Platón o en las novelas de Gombrowicz. Se trata de escuchar y pensar. El resultado puede o no ser compartido; poco importa, ya que el recorrido intelectual no prevé ni conclusión ni destino preciso. Cerramos ciertos libros y nos sentimos más inteligentes, resultado que el autor no puede nunca prever. "El arte alcanza una meta que no es la suya" escribió Benjamin Constant. Lo mismo puede decirse de la lectura.

El placer de la inteligencia significa al menos dos cosas: disfrutar del uso de la razón y disfrutar del reconocimiento del mundo. Es banal recordar que la lectura nos lleva a regiones insospechadas; menos banal es recordar que nos hace ciudadanos de tales regiones. Para un lector, todo libro es un museo del universo y, a veces, el universo mismo. Los lectores habitamos El Cairo de Naguib Mahfouz, las islas de Conrad, el Madrid de Galdós, pero también la luna de Wells y de Verne, los universos soñados por Lovecraft y Ursula K. Le Guin, el País de las Maravillas de Lewis Carroll. Hay un cuento (ya no sé quién lo escribió) en el que un hombre leyendo las aventuras de otro que se pierde en el desierto muere de hambre y de sed en su cama, rodeado de comida y de bebida. De forma algo más moderada, todo lector conoce el placer de habitar el mundo creado por otros, de ser su explorador y su cartógrafo.

Un auténtico explorador goza de lo que encuentra, sea bueno o sea malo; un lector también. Que un libro nos parezca pésimo, no significa que no nos pueda dar placer. Los grandes poetas nos deleitan; otros menos agraciados también son capaces de hacerlo. El inglés Charles Waterton, famoso conocedor de las selvas de Suramérica, se extasiaba ante los animales más feos de la creación, como por ejemplo el sapo de Bahía, repugnante criatura que el Dr. Waterton cogía tiernamente en su mano y acariciaba con cariño, mientras hablaba emocionado de la profunda mirada y espléndido brillo de los ojos del batracio. Igual hacen los lectores con cierta mala literatura. Parafraseando a Wilde, yo diría que hay que tener un corazón de piedra para no morirse de risa ante ciertas páginas de Azorín o de Ángeles Mastreta. O ante este verso del poeta mexicano Díaz Mirón: "Tetas vastas como frutos del más pródigo papayo". Tales abominaciones tienen la marca de un genio.
Tom Stoppard escribió que para saber si un escritor es bueno o malo, hay que preguntarle a su madre. Más interesante, más entretenido, más placentero es descubrir si es un visionario. Quiero decir, si es capaz de revelarnos en su obra esos pequeños secretos que misteriosamente dan sentido al universo, diciéndonos lo que no sabíamos que sabíamos. Elijo una frase al azar, de la novela de Ana María Moix Las virtudes peligrosas: "La experiencia, en contra de lo que la gente suele opinar, no es ninguna forma de sabiduría... La experiencia, créame, amigo, no es más que una forma de nostalgia".

Tales revelaciones resultan menos insólitas que verdaderas. El lector sabe que, en tales casos, el placer no resulta de la sorpresa, que es obra del azar, sino de la confirmación de algo que ya ha intuido vagamente. La orden de Diaghilev a Cocteau -Étonnez-moi! "¡sorpréndame!"- es el deseo de un empresario, no el de un auténtico lector. El lector acepta las sorpresas del texto como un preámbulo amoroso -descubrir que alguien toma café en lugar de té, que duerme del lado izquierdo de la cama, que tararea La violetera en la ducha- pero luego busca un conocimiento más íntimo, más profundo del texto, una familiaridad que se extiende y se renueva con cada relectura. "Cuando diseño un jardín", dice un personaje de Thomas Love Peacock, "distingo lo pintoresco y lo hermoso, y agrego una tercera calidad que llamo lo inesperado". "¿Ah sí? Entonces dígame", responde su interlocutor, "¿qué nombre le da usted a esa calidad cuando alguien recorre el jardín por segunda vez?".

Tampoco debemos olvidar el placer de la memoria. Leer es recordar. No solamente esos "actos ocurridos hace mucho tiempo" sino también "los actos recientes de nuestros días". No solamente la experiencia ajena contada por el autor sino también la nuestra, inconfesada. Y no solamente las páginas del texto que vamos leyendo, memorizando las palabras a medida que adquirimos otras nuevas que olvidaremos en la página siguiente, sino también los textos leídos hace tiempo, desde la infancia, componiendo así una antología salvaje que va creciendo en nuestro recuerdo como la obra fragmentaria de un monstruoso autor único cuya voz es la de Andersen, la de San Agustín, la de Quevedo, la de Javier Cercas, la de Cortázar. Leer nos permite el placer de recordar lo que otros han recordado para nosotros, sus inimaginables lectores. La memoria de los libros es la nuestra, seamos quienes seamos y estemos donde estemos. En ese sentido, no conozco mayor ejemplo de la generosidad humana que una biblioteca.

Leer nos brinda el placer de una memoria común, una memoria que nos dice quiénes somos y con quiénes compartimos este mundo, memoria que atrapamos en delicadas redes de palabras. Leer (leer profunda, detenidamente) nos permite adquirir conciencia del mundo y de nosotros mismos. Leer nos devuelve al estado de la palabra y, por lo tanto, porque somos seres de palabra, a lo que somos esencialmente. Antes de la invención del lenguaje, imagino (y sólo puedo imaginarlo porque tengo palabras), imagino que percibíamos el mundo como una multitud de sensaciones cuyas diferencias o límites apenas intuíamos, un mundo nebuloso y flotante cuyo recuerdo renace en el entresueño o cuando ciertos reflejos mecánicos de nuestro cuerpo nos hacen sobresaltar y darnos vuelta. Gracias a las palabras, gracias al texto hecho de palabras, esas sensaciones se resuelven en conocimiento, en reconocimiento. Soy quien soy por una multitud de circunstancias, pero sólo puedo reconocerme, ser consciente de mí mismo, gracias a una página de Borges, de Jaime Gil de Biedma, de Virginia Woolf, de un sinnúmero de autores anónimos. La lombriz de la conciencia (como la llamó Nicolà Chiaromonte en otra página que me define) denota la incisiva, constante, obsesiva búsqueda de nosotros mismos. La lectura añade a esta obsesión la consolación del placer.

El placer ha sido denigrado en nuestra época al entretenimiento superficial, a la distracción, a la facilidad, a la satisfacción egoísta. Confundimos información con conocimiento, terrorismo con política, juego con habilidad manual, valor con dinero, respeto mutuo con tolerancia altiva, equilibrio social con comodidad personal. Creemos que estar contentos (o creer que estamos contentos) es ser felices. Quienes están en el poder nos dicen que para sentir placer tenemos que olvidarnos del mundo, someternos a normas autoritarias, dejarnos subyugar por míseros paraísos, deshumanizarnos. Pero el auténtico placer, el que nos alimenta y nos anima, tiende a lo contrario: a tomar consciencia de que somos humanos, que existimos como pequeños signos de interrogación en el vasto texto del mundo. Quienes tenemos la fortuna de ser lectores sabemos que es así, puesto que la lectura es una de las formas más alegres, más generosas, más eficaces de ser conscientes.

Tomado de: http://www.elpais.es/suple/babelia/index.html

martes, abril 18, 2006

Gregorio Weinberg. In memoriam


En el día de la fecha ha fallecido el Profesor Gregorio Weinberg en Argentina.