sábado, octubre 22, 2005

¡Pregunté cotiledóneas, Señor, no hipertexto!

En su exposición en Barranquilla el Dr. José Miguel Somoza Rodríguez, uno de los representantes de la UNED en el Seminario, realizó una revisión crítica de aquellas concepciones sobre el lugar que ocupa la red de redes Internet en la sociedad y cultura contemporáneas.

Siguiendo a la antropóga norteamericana Christine Hine señaló que “frente a la tecnología “Internet” se pueden distinguir dos posiciones enfrentadas por parte de investigadores y científicos sociales: por un lado, aquellos que conciben a Internet como una cultura, como un lugar donde se gesta una cultura con características propias: el ciberespacio; por otro, quienes conciben a Internet como un artefacto cultural, es decir, como un producto de la cultura, del contexto social, generado por personas concretas, con objetivos y prioridades condicionadas por el entorno.”

Fue al encuentro de diversos representantes de teóricos incluidos de alguna manera en dichos grupos y se dedicó luego a analizar cómo no se cumplieron las profecías acerca del desplazamiento del libro en formato papel por el libro electrónico.

Pero los aspectos que nos resultaron particularmente desafiantes en su exposición fueron aquellos en los que se dedicó a comparar el tipo de escritura secuencial de los manuales escolares con el tipo de escritura hipertextual de la web.

La riqueza y complejidad de sus argumentaciones en este punto exceden largamente esta breve síntesis. No obstante todavía nos resuenan algunas hipótesis “duras” de su exposición por sus posibilidades para un debate profundo tales como:

1) Internet habría tomado de los diseños de los nuevos manuales escolares su diseño hipertextual, o, por lo menos, los manuales escolares precedieron al hipertexto en pantalla. Decía: “se podría hablar, más bien, de procesos convergentes entre el mundo de lo impreso y el mundo “on-line” o, incluso, de que fue el mundo de lo impreso quien prestó sus primeros patrones y formatos al mundo de las redes interconectadas –sin que podamos, en este momento, sostener esta afirmación con evidencia empírica, por lo cual, sólo lo mencionamos como hipótesis a verificar o a descartar”

2) Al adoptar las formas y estilos de la textualidad escolarizadora internet infantilizaría o, de otro modo diríamos nosotros, prefiguraría una concepción infantilizante del lector.

Es justo señalar aquí, que más allá de advertir sobre la posible “trivialización” de los mensajes, Miguel Somoza reconoce que “Se puede decir que nunca en la toda la historia anterior se escribió tanto y se leyó tanto como desde que existe Internet. Incluso deberíamos seriamente preguntarnos si Internet no es, en realidad, el reinado de la lectura y la escritura, el reinado de la alfabetización más extendido de toda la historia de la humanidad, al punto de que la combinación de la masividad del uso de la escritura y las características propias del medio electrónico han dado lugar a la aparición de nuevos géneros discursivos, cada uno de ellos con una estructura textual, un esquema paratextual, una organización enunciativa, un uso específico de la temporalidad y de la representación gráfica propios.”

3) Y finalmente, creo que una de las observaciones más fuertes recogidas de las reflexiones del expositor (o una de las que más nos dejó pensando desde el interior de nuestro oficio de enseñante en la trinchera del aula) fue la que señalaba la contradicción de exponer al alumno crecientemente a contenidos hipertextualizados en manuales, en pantalla y hasta en los diarios y revistas; pero luego reclamarle una escritura paleográfica de copista medieval en sus exámenes escritos cuando la evaluación escolar se torna exclusivamente acreditación. En sus palabras: “Si el alumno se expresa durante la evaluación al modo “hipertextual” se dirá de él que no sabe expresarse, o que no sabe expresarse con fluidez y coherencia.”

Para cerrar este breve comentario diremos que el expositor se encargó de aclarar que no están en contra de la “hipertextualidad” por prejuicios tecnofóbicos o añoranzas de viejos manuales a los que relegó a un “museo de los horrores”. “Quién esto dice, señaló Miguel Somoza Rodríguez, hace un uso más o menos intensivo de las nuevas tecnologías y, además, lo disfruta.

Como prueba evidente de su placer es el placer que “nos regala” (y aquí utilizo una bonita expresión cotidiana que escuchamos largamente en Colombia) como realizador y administrador de http://www.uned.es/manesvirtual/portalmanes.html.

Rubén Cucuzza

1 comentario:

Cristina Linares dijo...

En mi investigación sobre los libros de lectura en Argentina no pude comprobar la hipótiesis que plantea Somoza "que los manuales escolares precedieron al hipertexto" sino lo contrario. En realidad lo que vi es que los libros de lectura incorporaron, a partir de 1970 otros géneros textuales, además del literario que venían utilizando, tomando modelos de las revistas y los períodicos. Sucedió en una entrevista en la Editorial Estrada (2000) que habían impreso un libro de lectura a manera de hipertexto y no había sido aceptado por los docentes. Tiempo después, muchos libros incorporaban el hipertexto al igual que los docentes terminaron haciéndolo. Haría falta una investigación sobre la aceptación, el uso, las resistencias de los docentes con este tipo de manual.
Coincido plenamente con la última hipotesis de Somoza presentada en este Blog, y me invito a repensar nuestras prácticas como docentes